martes, 24 de abril de 2018

Bergen, la ciudad que enamora



Dicen que Bergen es la ciudad más lluviosa de Europa, llueve de media 280 días al año y los restantes, puede que también. Así que visitarla en un día soleado es una gran suerte, al menos esto fue lo que nos dijo el guía local que nos enseñó los encantos de la segunda ciudad más grande del país y nos ha dado algunas interesantes explicaciones de importancia sobre la forma de vida de los noruegos.




Bergen es la capital de los fiordos noruegos y, el barrio de Bryggen (muelle), con sus preciosas casas de madera pintadas de vistosos colores, uno de los rincones más turísticos y visitados de la ciudad. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fue sede importante en el siglo XIV de la Liga Hanseática, una federación de comerciantes alemanes que durante 400 años dominaron y controlaron la explotación de todo el pescado del norte, especialmente del bacalao.



Las antiguas casas de madera han sobrevivido a incendios devastadores y muchas de ellas tuvieron que ser reconstruidas en el siglo XX, respetando su estructura original. Recorrerlas a través de los estrechos callejones nos transportará al pasado donde todavía podemos ver cómo se conservan las poleas en los tejados de las casas, para poder subir las mercancías. En estas construcciones, lavaban, salaban y almacenaban el pescado para posteriormente exportarlo.





Otro de los atractivos de la ciudad es el Fisketorget, el Mercado del Pescado. Se encuentra junto al puerto y en él venden pescados, mariscos locales, además de embutidos y fruta. Un buen sitio para conocer la gastronomía del lugar y donde puedes sentarte a comer unas sabrosas brochetas de salmón, bacalao, etc. Me encantó el lugar y el ambiente de este mercado donde te dan a probar sus productos.



Es un sitio muy turístico y tiene sus orígenes en el siglo XIII cuando los comerciantes se reunían aquí para vender sus mercancías. Está dividido en dos zonas, una con puestos al aire libre y otra, en un edificio moderno, donde hay algún restaurante. La gran mayoría de la gente que trabaja aquí son jóvenes españoles que han emigrado a Noruega en busca de una vida mejor. Probé salmón salvaje y la verdad, hay que decirlo, se nota. También hemos probado ballena, pero no me ha gustado mucho, ni su sabor y ni su textura.




Otra de las visitas imprescindibles es el Monte Fløyen, una de las siete colinas que rodean Bergen y desde donde se obtiene una de las mejores vistas de la ciudad y sus alrededores. Subir hasta el mirador es una auténtica maravilla y se puede acceder andando o en el funicular Fløibanen.



La cima del Monte Fløyen está situada a 320 metros de altura y cuenta con un mirador, un restaurante con terraza y muchos lugares donde admirar las preciosas vistas. Además se pueden realizar rutas de senderismo para todos los gustos.




No abandonaremos Bergen sin acercarnos a la península de Nordnes, el antiguo barrio de mercaderes y al Castillo de Bergenhus, una de las fortalezas más antiguas de Noruega. Se encuentra junto a la entrada del puerto y sus orígenes nos remontan al siglo XIII. Aquí nació Cristina, la princesa Noruega que viajó hasta Castilla para casarse con uno de los hermanos del rey Alfonso X, el Sabio y está enterrada en Covarrubias (Burgos).




Entre sus paredes fortificadas del castillo destacan destacan el Håkonshallen, un salón de ceremonias que mandó construir el rey Haakon para la celebración de la coronación de su hijo y la Torre Rosenkrantz, del siglo XVI, a la que se puede subir para disfrutar de las vistas o visitar las mazmorras. Gran parte del recinto fortificado sufrió grandes daños durante la II Guerra Mundial, tras su restauración se utiliza como museo y actos oficiales.



Bergen es el punto de partida perfecto para recorrer algunos los principales y más conocidos fiordos, como el Sognefjord o fiordo de los sueños, el más largo y profundo de Noruega.


                                                                                                                                                           Loli
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martes, 17 de abril de 2018

El Palacio de los Papas de Aviñón


   En el sureste de Francia, Avignon fue la sede de la Iglesia y de los Papas durante el siglo XIV. Tras varios ataques a la ciudad de Roma, Benedicto XI tuvo que huir a Perugia.

   Después de su muerte, Clemente V fue elegido Papa y aceptó la oferta del Rey de Francia para instalarse en Avignon, creando aquí una fastuosa corte. Felipe IV, “El Hermoso” le manejó hasta el punto de implicarle en el proceso contra la Orden de los Templarios.


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